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Implica un esfuerzo coordinado entre las plaquetas y numerosas proteínas de la coagulación sanguínea (o factores), incluyendo al factor tisular, dando como resultado la formación del coágulo que detiene la hemorragia.
El factor tisular es una proteína que se expone a la sangre cuando los vasos sanguíneos sufren algún daño. El proceso de la hemostasia se inicia cuando el factor tisular se liga específicamente a la proteína de la coagulación sanguínea denominada factor siete activado (FVIIa). La unión del factor tisular y el FVIIa es sólo el primer paso del proceso que finalmente conducirá a la formación de un coágulo sanguíneo fuerte y estable que parará y evitará la pérdida de sangre.
Generalmente, en las personas sanas, el control de la hemorragia se consigue rápidamente, sin necesidad de intervención médica. En traumatismos graves o cirugía, se requiere la ayuda médica para conseguir una hemostasia adecuada, y así, minimizar la pérdida de sangre y los daños relacionados.
Sin embargo, algunas personas nacen con problemas hemorrágicos (congénitos) que debilitan su capacidad de conseguir la hemostasia. La mayor parte de las enfermedades hemorrágicas son hereditarias u ocurren en familias. Un ejemplo es la hemofilia.
Además, algunas personas que no han tenido nunca problemas hemorrágicos pueden desarrollar una enfermedad que les produce hemorragias, conocida como “hemofilia adquirida”. En esta enfermedad, cualquier lesión o golpe puede requerir asistencia médica. La hemofilia supone una gran barrera médica y económica para los pacientes individualmente, y para la sociedad en general.
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